YA UMMALA YA HANUNAT …” (Oh Madre de Dios misericordiosa y llena de ternura).

Nuestra Señora de la Luz, del Mar, del Viento, del Monte, del Valle, del Campo, de la Selva, del Manantial, de la Roca, de la Sequedad, del Puente, de la Plaza del Barrio, de la Caverna, de las Mamas, de la Siembra, de la Liberación del Ermitaño, de los Desamparados…” todos claman : “Ya Mariam el Azra” (Oh Virgen María)

Una oración del oficio maronita, en tiempo del adviento, dice textualmente: “Dijo el Cielo a la tierra, tú eres feliz porque tienes lo más precioso que tiene el mundo, tú tienes una madre, dame una madre y te doy Dios. Así vino Dios, tomó una Madre, vivió con ella en nuestra tierra y la llevó con El al Cielo”

En conmemoración de los 50 años de la definición del dogma de la Inmaculada Concepción, la Iglesia universal declaró el año 1904 un Año de Jubileo Mariano. El Patriarca Maronita, Elías Hoayek en combinación con el Delegado Apostólico en el Líbano, Mons. Carlos Duval, tuvieron la inspirada idea de realizar un monumento recordatorio del evento y resolvieron fundar el Santuario de Nuestra Señora del Líbano sobre un pequeño monte de 600 metros de altitud en la localidad de Harissa, a 10 km de distancia de la bahía de Junieh y 30 km, de la capital Beirut. Se trata de una hermosísima estatua de hierro fundido, pintada de blanco, de 8 metros de altura, confeccionada en la ciudad de Lyon en Francia, erguida sobre una pequeña capilla coniforme de 20 metros de altura, con capacidad para unas 150 personas, construida con piedras naturales. Mediante una escalera externa, de 104 peldaños, los peregrinos llegan hasta los pies de la Virgen y allí elevan sus oraciones y depositan sus pedidos, sintiéndose protegidos por su Madre del cielo.

En al año 1954 todo el país se conmovió de alegría, cuando el Presidente de la República del Líbano, el Dr. Camille Nemer Chamoun, en presencia del representante de su santidad el Papa Pio XII, el entonces Cardenal Roncalli, futuro Papa y actual Beato Juan XXIII, coronó, en nombre de toda la Nación libanesa, y del modo más solemne, a Ntra. Sra. Del Líbano a Harissa, reconociendo oficialmente un derecho que Dios y la historia de un pueblo habían consagrado.

Así, el Líbano nunca olvidará los favores de María porque a Ella debe su existencia y su fama. La gloria más alta de este país, no es su historia milenaria, con las ciudades de sus riberas, ni los templos de Biblos o de Heliópolis, ni el descubrimiento de la púrpura, o la invención del alfabeto, y del “papirus” (Papel), sino que toda su gloria está en estas palabras de Isaías: “Le será dada la gloria del Líbano” (Is 35 02).

El Santuario de Harissa es un testimonio elocuente de la devoción de muchos visitantes musulmanes, no solamente libaneses sino de todos los países vecinos de nuestro Oriente donde la mayoría abrumadora de sus habitantes son musulmanes. Además, quien ojea los cuadernos de anotaciones, puestos a disposición de los visitantes para registrar sus impresiones, encuentra muchas notas escritas por personas musulmanes de las diversas camadas sociales que denotan la fe de los que las escribieron, manifestando su gratitud por gracias alcanzadas y pedidos que desean ser atendidos. Además, según el testimonio de musulmanes muchos santuarios marianos en el Líbano y en Siria son frecuentados por musulmanes más que por cristianos, pidiendo la curación de un enfermo o pasando la noche en el santuario, rezando para alcanzar la gracia necesitada.

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San Chárbel el primer santo del Líbano

En su vida sacerdotal, San Chárbel no hizo más que poner en práctica lo que había aprendido de su maestro espiritual y profesor de Teología, el Beato Nemtala El Hardini, cuando le dijo : “Ser sacerdote, hijo mío, es ser otro Cristo. Para llegar a serlo no hay más que un camino: ¡el del Calvario! Comprométase sin decaimiento. Él lo ayudará”. Así Chárbel vivió su consagración religiosa y sacerdotal, imitando a Cristo el sacrificado y haciendo de su misa el centro alrededor del cual se cristalizaría su existencia como sacerdote ermitaño. Dios llama al sacerdote como llamó a Abraham: “Deja tu tierra natal y la casa de tu padre, y ve al país que yo te mostraré. Yo… te bendeciré. Engrandeceré tu nombre y serás una bendición y por ti se bendecirán todos los pueblos de la tierra” (Gen 12, 1-3). Así Chárbel entendió la misión del sacerdote y dejó atrás casa, familia y tierra para dedicarse a ejercer el ministerio dentro de los límites de su vocación monacal.

Chárbel Mahklouf murió en el monasterio maronita de Annaya, en la Nochebuena de diciembre de 1898 , donde actualmente yacen sus restos incorruptos. Se dice que desde su tumba emana un líquido acuoso de sangre, siendo éste un caso de emanación milagrosa de sangre licuada.

Fue beatificado en 1965 y canonizado en 1977, siendo desde ese año el primer santo del Líbano.

 

 

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