JACULATORIA

Párrafos inspirados en el : BEATO TOMAS DE KEMPIS

Escucha ahora a la piadosa enamorada de tu santo nombre.

El cielo se alboroza, llénese de asombro la tierra, cuando digo: Ave María. Satanás huye, tiembla el infierno, cuando digo: Ave María. El mundo aparece ruin, la carne se marchita, cuando digo: Ave María. Se desvanece la tristeza, reaparece el gozo, cuando digo: Ave María. Se disipa la pereza, el corazón se derrite de amor, cuando digo: Ave María. Acreciéntese la devoción, estalla la compunción, se reanima la esperanza, aumenta el consuelo, cuando digo: Ave María. El espíritu se recrea y el ruin afecto se enriquece, cuando digo: Ave María”.
La salutación angélica fue compuesta bajo la inspiración del Espíritu Santo, y es adecuada a tu grandísima dignidad y santidad. Esta oración es en palabras, corta; en misterios, sublime; en el dictado, breve; en eficacia, prolija; dulce más que la miel; preciosa más que el oro”. “Esta es, en verdad, según que atestiguan las Santas Escrituras, la prudentísima Virgen de todas las vírgenes, la más recatada de todas las mujeres, la más hermosa de todas las doncellas, la más honesta de todas las matronas, la más agraciada de todas las dueñas, la más noble reina de todas las reinas”.

Tú eres la casa de Dios, la puerta del cielo, el paraíso de delicias, pozo de gracias, gloria de los ángeles, alegría de los humanos, modelo de costumbres, esplendor de virtudes, lumbrera de vida, esperanza de los menesterosos, salud de los enfermos, madre de los huérfanos. ¡Oh virgen de las vírgenes, toda suavidad y hermosura, brillante como estrella, encarnada como rosa, resplandeciente como perla, luminosa como el sol y la luna en el cielo y en la tierra! ¡Oh Virgen apacible, inocente como corderito, sencilla como la paloma, prudente como noble matrona, servicial como humilde esclava!¡ Oh raíz santa, cedro altísimo, vid fecunda, higuera dulcísima!

Feliz el devoto aquel que, despreciando todos los solaces del mundo, escogió a nuestra Señora Santa María que como Madre le consolará y como guardiana le protegerá durante toda su vida”. Si deseas ser consolado en las tribulaciones, acércate a María, Madre de Jesús, que está al pie de la cruz llorando y gimiendo. Y todos tus desasosiegos o se desvanecerán pronto o se te harán leves.

Y cuando ve que festejamos la memoria de su nombre, esto le sirve de pretexto para colmarnos de beneficios.

Deleitase, en efecto, en corresponder a sus servidores

Por tanto, si deseas alabar dignamente a la bienaventurada Virgen y venerarla con todo ahínco, procura ser como los sencillos hijos de Dios, sin malicia, sin doblez, sin engaño, sin enojo, sin discordia, sin murmuración ni recelo.

Te ruego, además, oh María, gloriosísima Madre de Dios, que desde esta hora hasta el momento de la muerte no te canses de mirarme con rostro propicio y sereno y con dulcísimo corazón. A cualquier sitio que me dirija, extiende maternalmente sobre mí tus santísimos brazos.

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