Mamá Natuzza

Natuzza Evolo nació en Paravati (Calabria). Su padre Fortunato, unos meses antes de que ella naciese, había emigrado a Argentina, desde donde no regresó nunca más. Su madre quedó sola, se adaptó a los trabajos más humildes para que su familia no pasara hambre. Natuzza (diminutivo de Fortunata) trató de ayudarla cuidando de sus 4 hermanos.

A la edad de 10 años recibió por primera vez los estigmas. Natuzza no sabe ni leer ni escribir pero tiene el don de la bilocación y de hablar con el ángel de la guarda, un niño que la guía y la aconseja a dar respuestas que solo una persona culta podría dar: “No soy yo la que sabe”, responde ella a quienes la interrogan, “pero es Jesús quien me sugiere lo que tengo que decir”.

Ve a Jesús, a la Virgen, a San Francisco de Paola, al Padre Pio y a otros santos. Ve a los difuntos y conversa con ellos. Desde 1939 comenzaron sus sudoraciones hemáticas, en las gasas y en los pañuelitos que se aplicaban a su cuerpo, se transformaban en símbolos cristianos, así como también en textos sagrados de distintas lenguas.
Al fenómeno, durante la Cuaresma, se le suman los estigmas, particularmente dolorosos en el Viernes Santo. Por dos largas horas, la mujer recorre junto al Cristo todo el Vía Crucis. Las manos y los pies aparecen llagados, el corazón oprimido; la respiración se hace dificultosa y tiene un dolor en la frente. Tose, se retuerce, ruega a Jesús que es humillado y flagelado. Llora, tiembla, tiene convulsiones y espasmos de muerte. Finalmente emite un largo suspiro y luego no hay nada más que el silencio.
En enero de 1944, después de haberse casado (fue madre de 5 hijos), se le aparece la Santa Virgen para anunciar que un día se habrán realizado grandes obras, como la Fundación “Corazón Inmaculado de María Refugio de las Almas” y otras instituciones benéficas para ancianos y enfermos lo cual se concretó 40 años más tarde.
Además de Jesús, también la Virgen ha dado a Natuzza muchos mensajes. El 2 de julio de 1968 le dijo: “Ruega por todos, consuela a todos porque mis hijos están en el borde del precipicio, porque no escuchan mi invitación de Madre y el Padre eterno quiere hacer justicia”.
El 17 de abril de 1981 le explica: “Si no fuese por vosotros almas víctimas y por los niños inocentes, Jesús habría desencadenado su ira” y aún más el 15 de agosto de 1968: “¡Una jornada de tu sufrimiento puede salvar a mil almas!”.

Mientras que el 1º de abril de 1982 anunció que “Jesús está triste, todo el mundo entero renueva su crucifixión; los hombres piensan sólo en lo que es terreno, descuidando las cosas espirituales y por lo tanto del alma. No se dan cuenta de que la vida terrena es breve; que pueden ganar todo el mundo entero, pero si no están con Jesús pierden su alma. Pensad mientras tengáis tiempo porque Jesús es bueno y misericordioso, pero dice: No abuséis de mi misericordia”.

El 13 de marzo de 1984 le anuncia: “Yo soy la Inmaculada Concepción, hija mía. Sé que estás sufriendo…el Señor te ha confiado una dolorosa y difícil tarea, pero no te desanimes, que Él te protege y te ayuda…Con tu sufrimiento salvas muchas almas.”

Muchas personas han advertido el emanar de un perfume de flores, de la persona de Natuzza, sin que hubiese una explicación natural.

Son abundantes los escritos y testimonios que refieren ciertos acontecimientos extraordinarios en la vida sencilla y humilde de Natuzza Evolo, esposa y madre de cinco hijos.

A ninguno de esos testigos podrá extrañarle saber que el ‘contacto’ con esta mística -nacida en Calabria, fallecida el 1 de noviembre de 2009-,  haya esculpido el sentido de la fe en la mente y el corazón de Ciro Di Nunzio… un genetista napolitano habituado al razonamiento empírico, a los datos irrefutables, al proceso de lo demostrable, que involucra el hecho científico concreto. Él no era un hombre de fe y Dios no era el sentido de su vida.

Mamma Natuzza bajo el microscopio

Ciro es un experto investigador, genetista y toxicólogo forense, capaz de dilucidar los secretos del ADN y sus huellas presentes en diversos escenarios. Vale decir, la persona adecuada para apoyar el trabajo de quienes buscan precisar la identidad biológica de potenciales autores de un delito.

Precisamente por ese currículum es que Franco Frontera -médico que trató a “Mamá Natuzza” en vida-, junto con la Fundación “Pro Fortunata Evolo – Inmaculado Corazón de María Refugio de las almas” contactaron a Ciro Di Nunzio. Le pedían dilucidar el misterio de las huellas de sangre dejadas por la mística de Paravati en las fundas de almohada y pañuelos que ella tocó. Frontera quería determinar si esas impresiones -que reproducen varios símbolos religiosos- eran de sangre humana y si esa sangre era de Natuzza.

No había dudas del rigor científico que aplicaría Di Nunzio, máxime siendo conocido su escepticismo en cuestiones de fe. Sin embargo el hombre de ciencia sería sorprendido.

Lo cuenta el propio Di Nunzio a revista Credere: “Saber de la aparición de estas manchas de sangre relacionadas con acontecimientos que caracterizaron la vida de Natuzza me dejaba muy confundido. Obviamente, la idea más simple era suponer que de alguna forma alguien mistificaba todo este asunto. Siendo un hombre de ciencia acepté el encargo de proporcionar una respuesta concreta, como si se tratara de cualquier otro caso donde la cuestión es simplemente aclarar el perfil genético de un sospechoso hipotético, a partir de rastros biológicos que dejan las personas en la escena de un crimen”.

Huellas de la pasión

Durante la Cuaresma –según señalan testigos y registros informados a la Santa Sede- aparecían laceraciones espontáneas en la piel de Natuzza que exudaban sangre. Así por ejemplo, en sus rodillas se podía ver en ocasiones que se formaba la imagen del Santo Rostro (de Jesús). Hay registro de testigos señalando que cuando ocurrían estos eventos, también se formaban otras imágenes religiosas –como un denario, una Hostia, la Virgen María sobre un globo terráqueo- en las fundas de la almohada, donde caía su sangre.

“El profesor Frontera conservaba estas almohadas y me las entregó para someterlas al análisis”, señala el científico Di Nunzio y prosigue en  Credere… “Me dio entonces una funda de almohada con un rastro de sangre de Natuzza que era relevante, porque me narró el momento en que se formó esa mancha. Además de eso, en la funda no se observaba ningún símbolo particular. Clasifiqué esta funda como un hallazgo de referencia. En resumen: Tomé una muestra del tejido de esa funda que contenía una mancha roja y los análisis arrojaron que en la funda de almohada de referencia había sangre humana. Hice lo mismo con las ‘manchas’ presentes en otras fundas de almohada y de nuevo los análisis mostraron que ese materia era sangre humana. Mediante el análisis del ADN obtuve un perfil genético de la funda de almohada de referencia y lo comparé con el obtenido en las ‘manchas’ presentes en las otras fundas de almohadas… manchas que representaban diversas imágenes de naturaleza religiosa. Comprobé que en ambos casos era sangre humana y que los dos perfiles genéticos eran de una mujer y que eran idénticos, vinculados a la misma persona”.

¿Cómo demostrar con certeza que el perfil genético obtenido era el de Natuzza Evolo? Para resolver esto el científico señala: “Pedí a los hijos de la mística –señala el científico- someterse a un examen que toma muestra para la prueba de ADN; luego comparé el perfil de cada uno de ellos con el perfil obtenido a partir de las manchas y la respuesta fue que el perfil obtenido desde el punto de referencia y las manchas presentes en los otros fundas de almohada eran de Natuzza”.

Pero estos exámenes aún no podían explicar cómo era que esas manchas habían tomado forma de figuras.

Y la conversión llegó sin estridencias

“Un caso de investigación tan particular, inevitablemente, te cambia”, admite Di Nunzio. “Pasé largas horas en el laboratorio, a caballo entre los hallazgos y mis pensamientos, entre la materia y el espíritu… te haces preguntas: acerca de una espiritualidad que había dejado demasiado tiempo abandonada, por hacer cálculos con la fe”, confidencia Di Nunzio, quien concluye:

“No todo puede ser explicado científicamente; algunas cosas no pueden ser reconstruidas o ser racionalmente demostradas. Lo cierto es que algo sucedió en mi vida. Es como si hubiera alcanzado un equilibrio total entre la vida terrenal y lo que probablemente encontraremos después de la muerte: un paso que ya no me asusta. Antes no me hacía estas preguntas. Hoy creo que otra vida nos espera. Solía confiar sólo en lo que es demostrable. Ahora, Natuzza Evolo se ha convertido para mí en un punto de referencia al orar. En la sangre de Natuzza encontré la fe. Yo sé que no estamos solos”.

https://www.parvis.ch/pdf/extraits_livres/F1298_extrait.pdf

 

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