OCULTO

2014-1-20-Revista MISIÓN nº 30

Es un caso único en el mundo. Es el primer clérigo musulmán que abraza públicamente el cristianismo, lo que le supone una condena de muerte. Mario Joseph lo sabe bien. Fue imán y tiene memorizado el Corán desde los ocho años.

Hasta en 17 ocasiones deja claro el libro sagrado para los musulmanes lo que se debe hacer con  “los infieles”: “¡Combatid contra quienes, habiendo recibido la Escritura, no creen en Alá ni en el último Día, ni prohíben lo que Alá y Su Enviado han prohibido, ni practican la religión verdadera, hasta que, humillados, paguen el tributo directamente!”.

Y a pesar de todo, Mario Joseph (Sulomone, antes de su bautismo), criado en una familia de Kerala (India), muy devota del islam, decidió dar el paso y dejar atrás una prometedora carrera como clérigo musulmán, abrazar el cristianismo y, con ello, vivir toda su existencia con la amenaza de muerte.

Mario Joseph tenía entonces 18 años y se había recluído en el Centro Divine Retreat, el mayor complejo católico de retiros del mundo, con capacidad para dar tandas de ejercicios para cinco mil personas a la vez.

Mario Joseph quería encontrar respuestas tras estudiar intensamente el islam durante ocho años en una escuela coránica. Las contradicciones que encontró en el libro sagrado de los seguidores de Mahoma le interpelaban, y le impedían tener un mínimo de paz interior. Además, sus maestros de la Madrasa tampoco le daban razones convincentes.

Y, sin embargo, la fascinación que tenía por la figura de Jesucristo  -de la que tanto  se habla en el Corán-, crecía cada día que pasaba.  Su inquietud le empujó a visitar el Centro Divine Retreat. Y, allí encontró, tras unas semanas de estudio y oración, las respuestas que tanto mortificaban su alma desde hacía años.

Tras vivir unos meses escondido en el centro de espiritualidad católico, su padre, dos hermanos y dos tíos encontraron su paradero y fueron a buscarle. Sin mediar palabra, y tras los bofetones y puñetazos de rigor, lo redujeron sin contemplaciones y lo llevaron secuestrado a la casa familiar. “En ese momento sentí que era como un cordero para el sacrificio”, comenta Mario para describir ese momento.

En el viaje de vuelta a casa, y sabiendo que estaba sentenciado a la muerte, Mario no paraba de rezar: “Oh, Jesús, si realmente eres mi Papá, entonces, por favor, líbrame de mi gente”.

Llegaron a casa pero no se cumplió la amenaza. A Mario le dieron de comer y su padre se disculpó por la rudeza del rapto: “Sulomone, en ese momento de ira te abofeteé. Por favor, perdóname. ¿Qué te falta en casa? Lo que has querido te lo hemos dado. Entonces, ¿por qué has escogido deshonrarnos dándole la mano a los cristianos? Si sientes que no te hemos dado algo, dinos qué, querido hijo y te lo daremos”.

Mario, le pidió a su padre vivir en su casa como cristiano. “Por qué no, Sulomone -le dijo el padre- nunca me he opuesto a tus intereses. Hijo, si crees en Jesús, y te gustaría adorarle, por favor, hazlo. No puedo oponerme a ninguno de tus pensamientos y creencias, pero no abandones la religión del islam”.

“Solo te pido que cumplas con todos los rituales y costumbres islámicas y asume que estás adorando a Jesús en vez de Alá. Permanece entre los musulmanes como cualquier otro musulmán, pero cree en Jesús”.

Mario estaba feliz. Las turbulencias y los miedos de las horas previas habían pasado. Podría vivir en su casa y con su familia siendo un “cristiano oculto” para sus vecinos. Pero seguía inquieto y algunos pasajes del Evangelio golpeaban su mente: “Os aseguro que a aquel que me reconozca abiertamente delante de los hombres, el Hijo del hombre lo reconocerá ante los ángeles de Dios. Pero el que no me reconozca delante de los hombres, no será reconocido ante los ángeles de Dios” (Lucas 12,8).

Mario le dijo en silencio a Jesús: “Quiero proclamar tu Palabra en público, pero mi padre sólo me ha dado permiso para creer en ti. Si fuera a proclamarte públicamente mi padre me castigaría e incluso me mataría”. Y Jesús, le respondió: “No sólo crees en mí, También te he dado el carisma de sufrir por mí”.

Mario recibió en ese momento un don, un carisma especial que hasta ahora no tenía: sufrir por Cristo… y no pudo callar: “Padre, quiero a Jesús más que a ti, por lo tanto aceptaré a Jesús y le proclamaré públicamente”. Y en ese momento, padre y hermanos propinaron una buena ración de puñetazos al neoconverso hasta dejarlo noqueado. Lo ataron de pies y manos, y tras arrojarle polvo de chile a la cara, lo encerraron sin comer ni beber durante varios días.

 Ya debilitado, y casi sin fuerzas para hablar o moverse, su padre le desató, afeitó su cabeza, y lo bañó.

Entonces, el padre, acercándose a la cara de su hijo le dijo: “Sulomone, si todavía deseas ser un cristiano no tengo otra opción que matarte”, y mostró un cuchillo largo que empuñaba su mano derecha. Mario gritó con toda la fuerza que le permitían sus debilitados pulmones: ¡¡¡Jesús!!! y en ese momento su padre cayó al suelo y en su caída se cortó accidentalmente con el cuchillo y comenzó a sangrar y a echar espuma por la boca. Con el barullo de los gritos y la sangre, los hermanos centraron su atención en el padre, y Mario pudo escapar al Centro Divine Retreat.

Pocas semanas después, la familia de Mario, condenada por la comunidad musulmana al ostracismo y a la vergüenza pública por tener entre sus miembros a un “infiel”, tuvo que ingeniárselas para restablecer su buen nombre. Siguiendo los consejos de los sabios de la comunidad, decidieron dar por muerto a “Sulomone, el imán“, y celebrar así un funeral público.

El 16 de marzo de 1996, a la edad de 18 años, Sulomone era “enterrado” en las colinas de Wayanad (Kerala) tras el oficio de una ceremonia religiosa. En el ataúd descansa una figura de barro hecha a tamaño real de su cuerpo.

Tras el “entierro”, la familia de Mario dejó de llorar la pérdida de su hijo ,y se restablecieron las posibles alianzas con otros miembros de la comunidad musulmana.

Mario no puede volver a su casa ni a los alrededores de su pueblo. Permanentemente recibe amenazas de muerte que se han ido intensificando tras escribir “Encontré a Cristo en el Corán” , (“In search of you” su título original), del que lleva vendidos más de un millón de ejemplares: 500.000 en su edición inglesa para la India, y el resto de los ejemplares en ediciones en lengua malayalam (que se habla en el estado de Kerala), hindi (en toda la India), kannada (en el estado de kanartaka), y el tamil, propio de Tamil Nadu. Su libro ha causado tal impacto en la comunidad musulmana en la India que ha llevado a miles de seguidores de Mahoma a abrazar el cristianismo, aunque la mayoría lo hagan de forma clandestina.

La osadía de Mario de pasar de imán a predicador católico no le ha salido gratis. Uno de los diarios de mayor difusión de la India llegó a publicar que Mario Joseph había recibido la suma de dos millones y medio de rupias del Centro Divine Retreat para “dar testimonio de Jesús”. Para a continuación afirmar: “Debería ser asesinado por vender la religión musulmana por dinero”.

No es de extrañar que Mario Joseph, que sabe que han puesto precio a su cabeza, no se sienta seguro cuando abandona su hogar, el Centro Divine Retreat, en el que lleva 17 años viviendo con su mujer y sus dos hijas, y en donde se dedica a predicar y a dar clases de filosofía.

 

 

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